UNA REALIDAD DIFÍCIL DE OLVIDAR

Sobre la carretera que conduce hacia el Occidente de Guatemala, específicamente en el kilómetro 43, hay un desvío que conduce a la Aldea El Yalú, un municipio de Sumpango Sacatepéquez. El Yalú es un pueblecito ubicado entre montañas, árboles y calles de terracería, su gente es sencilla, laboriosa y cálida. Es en este lugar, en donde a los voluntarios del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales -MARN- fueron designados para apoyar el Programa "Todos Tenemos Algo que Dar". El pasado 28 y 29 de abril, fue un fin de semana que seguramente será difícil de borrar del recuerdo, ya que remarca el abismo que hay entre dos realidades, la del área rural y la citadina, manejándose en la misma Guatemala.
Dentro de esa realidad se pudo compartir el caso de la familia Guamuch, quienes han dividido la casa, para albergar a tres familias. Está la vivienda de la abuela Guamuch, quien es la cabeza de casa, la casa de María Juana, su hija, quien vive con su esposo y sus hijos y la casa de María Estela, su nuera, quien tiene nueve hijos entre 2 y 10 años; es en ésta última casa donde la licenciada Roxana Sobenes, Ministra de Ambiente y Recursos Naturales, tuvo la oportunidad de compartir y conocer parte del diario vivir de doña María Estela, quien sufre de cálculos en el hígado y debe tratarse médicamente el Hospital de Antigua, Guatemala, pero lamentablemente, por no tener quién le cuide a sus niños, le es casi imposible ir a sus citas médicas, por lo que tiene que pasarla en casa, con las pocas medicinas que puede comprar al tener prioridades que deben cubrir como familia.

Otro caso que puede mencionarse es el de doña Carmencita, quien tiene 4 hijos entre 7 y 3 años más una bebé de apenas ocho días de nacida, llamada también Carmencita, quien con una tierna mirada dejó por un momento de amamantarse, para ver lo que ocurría cuando el licenciado Sergio Ruano, Viceministro de Ambiente y el licenciado Pablo González, Coordinador de la Unidad de Recursos Hídricos del MARN llegaron a esa casa para poder convivir con la familia. Doña Carmencita vive con su esposo, su prima y sus sobrinos. Tiene una tienda en donde sus vecinos pueden surtirse de lo que necesiten a diario, además tiene un molino de nixtamal, que es para su uso personal, pues en la misma casa elaboran sus tortillas para su alimento diario.
Se conoció también a doña Rosa, quien tuvo a bien recibir en su hogar a la licenciada Michelle Martínez, Viceministra de Recursos Naturales, quien colaboró con su anfitriona en las labores del hogar, como por ejemplo ir a traer agua al tanque municipal para llenar la pila de la casa, que es algo que se hace a diario. Doña Rosa vive con sus tres hijos, entre ellos, una bebé de 6 meses, su esposo y su sobrina, quienes a excepción de la bebita, contribuyen con las labores caseras, mientras su esposo regresa de la Finca El Yalú, lugar donde él trabaja, para llevar el sustento diario, que a pesar de ser escaso, para alimentar a tantas personas no les falta y aún lo comparten para hacer que la visita, en este caso de la Licda. Martínez, fuera agradable.
Al igual que estos casos, hay otros similaresde familias numerosas que comparten casa, que tortean para sobrevivir, que los esposos trabajan la tierra, que a veces tienen alimentos y a veces tienen que conformarse con poco o a veces con nada. Sin embargo ellos, en esas penas llevan y viven la vida, lo mejor que pueden, pues saben que existe un Dios y están seguros que Él jamás los abandona.

Antes de partir de El Yalú, todos los anfitriones, recibieron de manos de sus invitados una bolsa de víveres, para compensar en parte su bondad y haberlos recibido en su casa y para contribuir con algo a mitigar el hambre por la cual atraviesan, pues este es uno de los objetivos del Pacto Hambre Cero, impulsada por el Presidente de la República Otto Pérez Molina y que en este primer llamado contó con la participación de más de cuatro mil voluntarios que visitaron distintas partes del país, que, al igual que los voluntarios del MARN pudieron sensibilizarse por medio de convivencias.
Esta actividad fue solo una pequeña demostración de que los guatemaltecos podemos y tenemos algo que dar, especialmente a los que no tienen mucho por diferentes circunstancias. Por otro lado, la experiencia de convivir con una familia y en una comunidad alejada, en un solo fin de semana, dejará en los guatemaltecos de buen corazón el seguir apoyando a los que más nos necesitan y hacer un verdadero cambio en nuestro país.
Las altas autoridades del MARN agradecen de corazón a los voluntarios del MARN su esfuerzo y dedicación, por hacer que esta visita algo diferente y dar lo mejor de cada uno para hacer sentir a los pobladores de El Yalú que no están solos, que tienen una mano amiga que puede ayudarles en los momentos más difíciles, pues ellos también son parte del cambio y también tienen algo que dar: su bondad y corazón, y con ello, pueden contribuir para hacer de Guatemala el país que todos queremos y merecemos: Un país sano, lindo y con gente emprendedora.
Gracias pobladores de El Yalú por recibirnos.
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